Si algo necesita la 4T es justamente ponerle cierto control a sus gobernantes; que no se pasen de listos, pero tampoco de lentos; para que no terminen manchando al partido y por ende a López Obrador.
En Puebla al parecer se pondrá el ejemplo empezando con aquellos alcaldes que han estado en el ojo del huracán en los últimos meses. Aquellas víctimas del escrutinio publico que a tan solo poco menos de un año de gobierno, tienen una pierna y algunos hasta medio cuerpo fuera de la presidencia municipal.
Tal será el caso de San Martín Texmelucan, en donde se lucha porque la alcaldesa no sea removida, pero eso sí, el control que tenía en el municipio será diezmado. Dicen que el Gobierno del Estado tomará el mando de la seguridad pública, también se escucha que toda decisión en obra pública tendrá que ser palomeada desde arriba para evitar las ocurrencias que desembocaron en un gran descontento social. Además algunos funcionarios de alto rango municipal tendrán que abandonar sus cargos para el arribo de personas más capacitadas y sobre todo capaces de decir “esta mal" para así terminar con el ya conocido “¿Qué horas son?” “Las que usted diga señora presidenta"
¿Será que con estas decisiones quedará eclipsada Norma Layón? En otros tiempos rechazarían una intervención que merme la soberanía municipal, pero en estos tiempos se agradece.
Por último, dicen por ahí que la alcaldesa que creía gobernar "Libanolandia" ya ha sido advertida: "No puedes darles la obra pública, los permisos y los proyectos solamente a tus "compatriotas" de la comunidad Libanesa" fueron las palabras.
Norma tendrá que aceptar y quedarse con su único triunfo: poner un cedro libanés como logo de Texmelucan por tres años.

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