sábado, 22 de junio de 2019

Sobreexposición presidencial en México.





La figura del ejecutivo en países como el nuestro tiene un peso muy grande y es entendible, en la mayoría de los casos los antecedentes históricos y las formas constitucionales han delineado (a pesar de todo) sistemas presidencialistas consistentes debido a la extensa normatividad que da elasticidad a estos cargos, así como también, a causa de la influencia partidista, los intereses económicos y la inmejorable visibilidad mediática que reciben para efectos de comunicación electoral y de gobierno.

En México el ciudadano común no se equivoca del todo al culpar o reconocer sólo una persona (al ejecutivo federal generalmente) por las situaciones que le aquejan o los cambios que experimenta en su localidad, su entidad, su país o incluso en su localización continental. Con el paso de los años y la transformación política del país, esta identificación de algún modo ha cobrado sentido, es por ello que vale la pena reflexionar acerca de lo que se ha precipitado en los últimos periodos, gracias a la intensa cobertura mediática.

Tenemos por defecto un sistema de gobierno presidencialista que adapta sus “réplicas” en el contexto local, luego a ello, se le articula una participación exhaustiva de los medios de comunicación y en los últimos 10 años una creciente apertura de canales de información, además de las condiciones específicas (políticas, económicas o sociales) que otorgan como resultado una exposición de la figura presidencial de mayor o menor grado.

En términos generales éste fenómeno multifactorial, se ha presentado con distinta intensidad a lo largo del tiempo, pero es a partir de la llegada del actual mandatario al cargo, que se hace más notorio y es entonces que podemos hablar de una Sobreexposición presidencial.

Este caso atrae particularmente por rebosar cierta arrogancia y porque con sus antecedentes, desde muy temprano se ha notado enfocado e insistente ante ciertos aspectos, así como minimizando la atención que se le da a otros actores, acontecimientos políticos y procedimientos.

Claramente el papel que desempeña el presidente es totalmente relevante, pero    pareciera al día de hoy, con lo que se observa en los medios o se escucha en pláticas cotidianas, todo el protagonismo en las cuestiones públicas y el peso del país lo carga una sola persona. Y es que a partir de necesidades y actividades importantes como legislar, reformar, reordenar, resolver problemas públicos de los tres niveles de gobierno o formular políticas de cualquier tipo, se han politizado -mediatizado- vulgarmente como si fueran tareas que dependen por completo de él, su buena voluntad, complejo de “héroe nacional”, así como del estado de ánimo en que se encuentre. Agregando además una la ilusión de inmediatez y de jerarquía sobre el Congreso y el poder Judicial.

Es a través de los flujos constantes de información en medios y  redes,  que se construye, nutre y se explota esta relación  entre  “El presidente” “sus aliados y funcionarios” y los “espectadores”, que en términos electorales parece  en esta ocasión (más que otras), estar resultando una gran hazaña, siendo favorecedor para el crecimiento del partido de procedencia y los grupos adeptos, mientras por lo menos para mí, en términos de Calidad Democrática, nos sigue dejando una sombra, sirviendo nada más para demeritar el quehacer de las instituciones, los órganos autónomos y subordinar a los dos poderes restantes.

En este sentido, la desinformación, la falta de educación y cultura cívica que lamentablemente siguen imperando en México, asociadas a esa Sobreexposición de la figura presidencial y su exhaustiva promoción como protagonista de la vida y obras en el país, nos hacen olvidar el valor del equilibrio, de la pluralidad, del rol y las oportunidades del ciudadano, de la pertinencia y seriedad que deben contener los procesos, la autonomía decisoria, lo importante de la discrepancia, el papel de la oposición, los verdaderos mecanismos de rendición de cuentas y la trasparencia en términos “tangibles”.  

La Sobrexposición Presidencial a la que hoy nos estamos acostumbrando puede ser una característica de nuestro sistema político, una necesidad/ exigencia  ciudadana de “estos tiempos” o una estrategia autogenerada por el mismo ejecutivo, pero sin duda, lo que más interesa son las formas es en las que se ha suscitado, cómo va en progresión y cuales son por decirlo sus efectos adversos,  ya que  desde  esta perspectiva,  sólo se logra confundir a la ciudadanía, causando una visión simplista sobre la política, las autoridades públicas y las oportunidades que los propios ciudadanos tienen para participar, además de que favorece a perpetuar ideas erróneas sobre la importancia, las áreas de competencia, las responsabilidades y las tareas de Estado, gobierno y los alcances de la administración.

Por ello se debe promover desde cualquier espacio que los ciudadanos comunes transitemos a no “ponerle un sólo rostro” a lo que sucede en el país, ni poner todas las observaciones sobre una espalda, reduciendo visiones escuetas y evitar conformarnos con romanticismos mediáticos, fomentando la visión crítica, exigiendo circulación de información seria, apoyando los esfuerzos de éticos de los comunicadores, políticos  y organizaciones de la sociedad civil, para lograr un mejor entendimiento de las actividades políticas y de gobierno.                                                                            








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