Autor: Héctor David Estrada Jiménez
“La moral es un árbol que da moras”
Gonzalo N. Santos
Cacique Potosino
Me resulta complejo pensar que la moral y la ética terminan siendo palabras con poca importancia para la clase política hoy, ponen a la luz la reflexión que se olvida sobre la idea del bienestar común pero también de la institucionalidad.
Representantes populares electos o plurinominales (representantes en todo caso), parecieran olvidar profundamente su papel, su importancia la razón primigenia, así como su congruencia política, esta tan peculiar forma de adentrarse a la política sin rumbo, sin una visión clara, no solo de su compromiso sino de su postura y la de su partido.
Esta forma tan drástica que convierte al político no solo en un hombre sin convicción y sin límites, sino en un personaje soberbio y sínico, “Los relámpagos de agosto” obra del maestro Jorge Ibargüengoitia, no solo demuestra como diría, Juan Villoro, al pícaro y la composición de una clase política olvidada desde los ojos de los espectadores, pero con una tradición perpetua que se profundiza y se repite constantemente. La sombra envuelve al hombre público, su acción y decisión son incongruentes y contradictoria empañado por un súbito mar de exceso y negligencia, soberbio y pícaro, juega con la circunstancia, olvida fácil y alardea demasiado.
Perpetuar la drástica imagen del político, resulta a razón de análisis histórico una necesidad plena e inevitable, relampaguea más allá de Agosto y del pasado, la forma en que la decencia, la congruencia y las palabras se han vuelto polvo que arrastran los interese y las mentiras.
¿Es más que pertinente que se pierda la congruencia y la lógica de los actos?, hoy más que nunca que el país necesita de líderes comprometidos y capaces de anteponer su circunstancia a su posición y responsabilidad. El llamado es claro “Congruencia y claridad”, no a la construcción de apariencias, es tiempo de transformar la política de la simulación y el pillaje en un acto de justicia y compromiso social, la corresponsabilidad debe estar con la ciudadanía y sus instituciones.
La conducta no debe ser pasada por alto, es el tiempo de reflexionar y cambiar el papel de la clase política, para ello depende en gran medida de nuestra responsabilidad como ciudadanos.

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